Tuesday, February 06, 2007

La Puerta

LA PUERTA

Por Gabriel Ángel Valdés
Escribiendo en la eternidad

Los árboles le daban la bienvenida al medio día, provistos de traje café y sombrero verde. El sol, dejando en el olvido todo vestigio de sombras, caía sobre la casi calva cabeza de don Oscar, que llevaba su ropa en una maleta vieja. “Debí haber traído un sombrero” murmuro, porque el calor que envolvía su delgado cuerpo lo hacia marearse, desviándose de la línea recta que llevaba en el camino de tierra. Aquel bordeaba, por un lado, un terreno cosechado, y por otro, álamos puestos en fila que le servían de compañía.

Mientras caminaba recordaba los tiempos en que trabajaba en la oficina postal como cartero de su querido pueblo. Cuando tenía que dejar, puerta a puerta, las cartas a los vecinos; por este hecho, don Oscar era uno de los más conocidos, por no decir él mas conocido. Muchas veces, cuando entregaba cartas, los vecinos en un acto de cordialidad los invitaban a desayunar o almorzar, según claro, la hora que fuera. Y por esta razón la oreja de don Oscar se convertía en una bodega de información conteniendo una gama selecta de pelambres, sabiendo la vida de cualquier ser humano en un kilómetro alrededor. Lo bueno era que él es un excelente cuidador de secretos ajeno, pero tampoco le gustaba divulgar las cosas de los demás.

Regreso de sus recuerdos cuando vio por entremedio de los arboles, la casa a la cual sus pies de lento caminar se dirigían. Aquella era una casa de dos pisos rodeada de pequeñas cosechas, de un aspecto colonial, pero envuelto por el velo de la soledad.

Don Oscar, doblo por el único camino que conducía hacia la casa, pero antes decidió tomar un descanso sobre la sombra de un sauce, acompañaba su presencia un tronco caído. Don Oscar se sentó, tomo un pañuelo para secarse la frente y luego se quedo mirando el horizonte. Al mirar encontraba praderas sin ningún vestigio de los hombres; eran, en ese momento, solo él y la naturaleza, admirándose uno al otro queriéndose decirse muchas cosas, pero la cobardía de ambos impiden que den el primer paso.

Ya reposado, siguió su camino por el entierrado camino, que a cada lado tenia como paredes extensas cosechas. Mientras mas avanzaba, más grande se hacia la casa, agrandándose también los recuerdos que ella traía consigo.

Una vez en la puerta de la casa, saco de su bolsillo un manojo de llaves que el notario, en un acto simbólico, le hizo entrega dos días después de la muerte de su tía, junto con la escritura de la casa. Al momento de abrir la puerta, lo recibió una humedad acompañado de un encierro que embriago su mente de recuerdos. Cuando niño, aquella casa le parecía gigante, casi tan grande como un castillo. Era en los veranos donde más la visitaba, acompañado de sus padres, a su agraciada tía. Recordaba también la cantidad innumerable de juegos que realizaba junto a sus primos, adentro y afuera, cuando hacia más calor. Ya de regreso al presente, lo primero que hizo fue dejar su maleta al lado de un sillón y caminar, a paso triunfante, al fregadero a beber un vaso de agua, disfrutándola como si hubiera venido desde un largo viaje por el desierto, viendo aquella casa como un oasis.

Y fueron trascurriendo los días, extraños para Don Oscar. Primero hace muchos años que no despertaba en otra parte que no fuera aquel lúgubre cuarto ubicado al lado de la oficina postal. Y segundo, le parecía extraño que cada vez que se levantaba de la cama, por la ventana lo envolvía un aire puro que lo hacia detenerse por unos segundos para poder sentirlo en su plenitud, dándole energía y serenidad a su alma. Después de bañarse, empezaba un riguroso aseo a cada una de las piezas. Éstas estaban ubicadas en un segundo piso, eran quince cuartos puestos a cada lado de un largo y angosto pasillo. Con la ayuda de un plumero como arma, comenzó a despojar de las camas, sillas, muebles, veladores, de aquel polvo que por años, los fue cubriendo. Fue en esos quehaceres cuando se dio cuenta de algo muy particular: al salir al pasillo, en el fondo de éste, había una puerta que le pareció muy extraña. “según yo recuerdo, esta puerta antes no estaba” pensó, entonces a paso lento fue hacia ella. A medida que se acercaba lo invadía un pequeño mareo que se iba acrecentando hasta el punto que se tuvo que detener apoyándose en la pared. Ya un poco más repuesto, siguió caminando hasta que tomó la manilla de la puerta, extrañamente esta no tenia polvo ni tampoco estaba oxidada como las otras. La abrió, estaba oscuro, dando la sensación de una profundidad siniestra, entro a aquel cuarto, ya adentro el mareo se esfumo. Mientras iba caminando el cuarto empezó a iluminarse, comenzó entonces a aparecer piso, un pasillo largo con puertas a los lados, algunas mesas entre ellas y cuadros que a le parecían familiares. Todo fue tan rápido que Don Oscar le costo un tiempo breve para comprender lo que pasaba: el lugar donde estaba era exactamente el mismo pasillo desde donde entro, pero éste era un poco distinto, no tenia aquella apariencia de antiguo ni había polvo en el suelo ni en las pequeñas mesas. Se dio vuelta para ver la puerta por donde entro, esta estaba abierta y por ella se veía el pasillo, claro que más avejentado y entre ambos, un trecho de oscuridad. Miraba a cada lado y no podía convencerse de lo que estaba viendo, fue en ese momento cuando una de las puertas del pasillo donde estaba se abrió, de ella salia una mujer adulta, la cubría un vestido azul con flores rojas. “¡no puede ser!” exclamo Don Oscar, aquella mujer era nada menos que su tía ya fallecida, y en sus brazos portaba a una de sus sobrinas. Ninguna de las dos advirtió la presencia de Don Oscar, mas parecía como si, para ellas Don Oscar no estuviera allí. Él miraba con cara de asombro como su tía coqueteaba tiernamente con su sobrina y más aun cuando con su característica voz dulce ella le dijo “vamos mi Catalina, vamos a ver a tu primo, Oscarcito, para que juegue contigo, vamos”. Al escuchar esto Don Oscar, comenzó a tomar un color pálido y también de la piel emanó un sudor frió, continuado de un temblor en sus manos. Impávido, miraba como su tía bajaba alegremente la escalera. Cuando la perdió de vista y recobro un poco la razón, corrió desesperadamente hacia la puerta y cuando la traspaso de un portazo la cerró. Apoyado con la espalda en ella, Don Oscar respiraba agitado mirando al techo buscando una explicación de lo que había presenciado. Se miró las manos y se dio cuenta de que había dejado al otro lado de la puerta el plumero.

Ya entrado el sol, a Don Oscar ni siquiera se le paso por la cabeza el volver al segundo piso de la casa, por lo que tomó la decisión de dormir en el viejo sofá de la sala de estar en el primer piso, bajo la compañía de la luz tenue de una vela. Por supuesto que no pudo pegar una pestaña en el transcurso de la noche, reflexionando una y otra vez lo que vio. “estaré loco” se decía así mismo, con la vista fija en la escalera que conducía al segundo piso. Una vez que la luz de la vela ceso, pudo por fin dormir. Y así quedo todo hasta que llego la madrugada con el sonar de los pájaros. Los primeros rayos de sol entraron por la ventana llegando hasta la frente de Don Oscar que, aunque en una posición no muy cómoda, seguía durmiendo. De pronto, unos golpes fuertes irrumpieron en el silencio. De un momento a otro Don Oscar ya estaba de pie, con el corazón golpeándole el pecho con fuerza. Agudizo el oído, pero ahora no escucha nada, de todas maneras siguió con el cuerpo inmóvil. Cuando su corazón empezó a normalizar sus latidos, volvió a escuchar de nuevo aquellos golpes, como cuando se golpea a una tabla de madera. Entonces comprendió que venían desde el segundo piso. Después de un momento de dudas, se armo de valor y lentamente subió la escalera, deteniéndose junto cuando su cabeza se elevo por sobre el ultimo escalón, teniendo en vista la puerta. Como un animal al asecho de su presa, Don Oscar se quedo mirando la puerta. En ese momento volvió a escuchar los golpes, y determinó que venían desde el otro lado de la puerta. El corazón volvió golpear fuerte el pecho de Don Oscar, quien con un poco de temor, se fue aproximando hacia la puerta. Cuando estaba a mitad de camino ésta volvió a sonar, haciendo que se detuviera por un momento, luego continuo con su lento y cauteloso camino. Cuando al fin logro estar frente a ella, puso su mano sobre la manija, y luego junto con un profundo respiro, la abrió.

Con la vista en alto lo primero que vio fue el mismo pasillo en el que ayer había estado, sin ningún cambio, cuando iba a dar el primer paso para entrar una voz lo interrumpió, dejando a Don Oscar con su cuerpo sin alma por el susto.

- tenga cuidado- dijo un niño, Don Oscar no lo había visto, era moreno y de por lo menos nueve años de edad, vestido de ropas ligeras. Después del susto, Don Oscar observo detalladamente al niño, que le devolvía una mirada angelical. Si lo del día anterior consterno el pensamiento de Don Oscar, lo que estaba mirando en ese momento lo guiaba hacia los senderos más oscuros de la locura: el niño era él mismo, Don Oscar no tenía duda.

- señor, se le cayo esto, cuando corrió a esta puerta- dijo el niño pasando a el plumero que Don Oscar había ayer dejado tirado.- me llamo Oscar, pero me dicen Oscarcito, ¿usted como se llama?

- Oscar, igual que tú- respondió Don Oscar con la voz temblorosa - cuando yo estaba ahí, no te vi, ¿Dónde estabas?

- estaba oculto en la pieza del frente de donde salio mi tía, me estaba escondiendo de ella, cuando abrí un poco la puerta para ver si se había ido, lo vi a usted, con una cara miedo que me la pego a mi.

Don Oscar no sabia que decir, aunque le dijera al niño la verdad, éste no le creería, así que opto por invitarlo a pasar a comer algo.

- ya, pero un rato porque mi tía se puede enojar- asintió en niño.

Se fueron directo al primer piso, Don Oscar improviso con un paño viejo un mantel para la mesa y puso agua en la tetera. Ya sentados se dispusieron a comer. El sol dibujaba en el ambiente una hermosa mañana fuera y dentro de la casa, llena de vivos colores y aromáticos olores.

- hay algo que se me olvido preguntarte, ¿de que te estabas escondiendo?- pregunto Don Oscar, quien todavía no podía creer con quien estaba desayunando.

- de mi tía, siempre me busca para que entretenga a mi prima. Es muy fome hacer eso.- respondió el niño, hablaba al mismo tiempo que masticaba un pedazo de pan.

- ¿y por que es muy fome?- pregunto Don Oscar, aunque en el fondo de su alma ya sabia la respuesta.

- por que me quita tiempo para jugar en el bosque. Ahí puedo trepar los árboles, perseguir conejos e imitar el sonido de algunos pájaros. Si estoy con mi prima chica me tengo que quedar cerca de la casa, por que mi tía no me deja ir al bosque solo con ella.

- a mi también me gusta ir al bosque. Claro que ahora que estoy más viejo, no puedo correr detrás de los conejos.

Un momento de silencio se interpuso como neblina entre ellos. Don Oscar estuvo mirando por un rato al niño como se llevaba con devoción el pan a su pequeña boca. Preguntarse por que estaba pasando esto ya no era importante. Su mente se transformo en un torbellino en el cual sus pensamientos y el sentido de la realidad no encontraban un puente para conectarse. Solo le quedo a Don Oscar aceptar lo que estaba pasando, y más que nada disfrutarlo.

- creo que es tiempo de que vayas a ver a tu tía, te debe estar buscando- dijo Don Oscar, en el momento que se disponía a recoger la mesa.

Juntos lavaron rápidamente los platos y tazas en donde comieron, y luego subieron las escaleras en dirección hacia la puerta. Cuando se encontraban frente a ella, Don Oscar detuvo al niño arrodillándose frente él y tomando con ambas manos sus pequeños hombros.

- a veces nosotros buscamos cosas, que por lo general no tenemos. Cosas materiales o que nos llamen la atención, dejando de lado a las personas que nos acompañan día a día. El amor y el afecto de ellos es el que hay que buscar, y no dejarse llevar por cosas externas. Cuida a tu familia y no te enojes con ellos. Lo único que sacas es perder tiempo de felicidad con ellos. Ten cuidado con el tipo grandote de tu colegio nuevo y si alguna jovencita te llena el corazón, ármate de valor y declárale tu amor.

- por que me dices esas cosas-

- …disculpa, no fue mi intención, me acelere un poco. Es mejor que te vayas, mi ti…perdón...tu tía debe estar preocupada por que tú no has aparecido.

Don Oscar abrió la puerta, el pasillo se encontraba vació con el sol en su plenitud entrando por las ventanas.

- me voy, cuídese mucho- dijo el niño, y se fue corriendo directo hacia las escaleras. Don Oscar cerró la puerta, giro los talones, y caminó en dirección a su cuarto. Una sensación de pesadez golpeaba su nuca, como si alguien lo estuviera mirando.

Con un poco de miedo miro por sobre su hombro, la puerta ya no estaba llevándose consigo el pasado. Un pasado que busca con desesperación un abrazo del presente, buscando también consuelo por las cosas que se cometieron y que nunca cambiaran.

1 Comments:

Blogger Venecia said...

perdoname que deje ste comentario aui, no espara vos, es para la duena del blog a pesar de mi, que cometio un tremnend error al dejar comentarios seductores y malintencionados en el blog qy e tenenmos con mi novio, incitandolo a mantener mensajeria oculta a mis ojos. Como respondimos, borra sistematicamente lo que le dejamos de su blog
Esto solo muestra que tiene el culo sucio y cosas que ocultar
anda seduciendo por internet a hom bres y luego saca los comentarios de queja que se le dejan por su actitud.
Si no me crees ,fijate que ahora solo deja que se le escriba , pero no que se suban al instante coo antes, eso es para poder borrar los que le dejamos.
Me veo obligada a hacer esto, para que alguien que la lee y le postea cosas sepa que clase de mujer es y lo que hace fuera de su a,bito.
Mil disculpas por esto. SOLO QUE ELA BORRA TODO LO QUE NO QUIERE VER, PERO SI SEMETE CON LA GNETE.nUEVAMENTE PERDON POR ESTO
aCÁ DEJO LO QUE LE SUBIMOS Y ELLA BORRA SISTEMATICAMENTE.
cUIDADO CON ESTA MUJER, ES UNA BASURA!




por que volver a borrar el comentario que deje en tu blog?
Si no queres devolución de comentarios no andes dejando sospechas e invitaciones de jhacer cosas por detras de sus novias a personas que solo escriben en blogs.
Si lo borras cada vez que ko escribo, seguro que ees para que nadie de tus lectores sospeche que sos una perra y una mujer de vida promiscua fuera de tu espacio provocando a parejas que tienen conflictos , metiendote en el medio con comentarios estupidos.
No se hace eso.
No se tira la piedra y se esconde la mano. Hay que ser adulto, si uno hace algo, debe bancarse las consecuencias de su accionar.

14 de diciembre de 2007 21:31

10:39 PM  

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